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miércoles, 28 de noviembre de 2012

TRIBUS HOSPITALARIAS

Urgencias es un servicio con mucho trabajo, mucho stress… y una forma de aliviarlo es clasificando de forma correcta  a los pacientes que pasan por allí según la tribu a la que pertenezcan. “Triage”, le llama la gente seria. El "triage" clásico nos sirve para seleccionar y clasificar según prioridades de atención. Con esta variante del "triage" liberamos el stress y nos reímos un poco. Así, decimos que hay distintas  tribus que visitan urgencias:

1-     Los “PASOPAGOS”: a mi me tienen que hacer lo que yo les diga, que “pa eso pago” a la Seguridad Social.

2-     Los “ARAPAJOES”: me duele desde hace 1 mes, pero “ahora pa joer” vengo a las 3 de la mañana y que me miren bien.

         Puede haber un mestizaje entre Arapajoes y Pasopagos, dando lugar al PASOPAJOE, que es muy frecuente entre las 2 y las 6 de la madrugada.

3-     Los “PIESNEGROS”: son los que sólo se han lavado el pie del tobillo que se han torcido, y cuando les dices que se saquen el otro calcetín para ver el otro pie, ellos se mueren del corte y tú te mueres del asco.

4-     Los “BOOMERANGS”: les das el alta y a las 2 horas están de vuelta porque aún no les ha hecho efecto el tratamiento que no se han tomado.
- Es que me sigue doliendo- dicen.
- ¿Se ha tomado la medicación?- les preguntas.
-¡Uy!, no. Aún no la fui ni a comprar- te dicen-. Pero me sigue doliendo.

Otra forma de "triage" que solía practicar por las noches, es el del "color de  la bata". A las señoras las agrupaba según el color de la bata y apostaba con algún compañero cual era el motivo de consulta según cómo viniesen vestidas. El código era el siguiente:
1-     Síndrome de la bata rosa: señora con dolor abdominal, marido detrás sujetando el bolso. Diagnóstico de cólico de vesícula o también puede ser gastritis.
2-     Síndrome de la bata azul: señora que no respira. Puede ser asma, bronquitis, neumonía… Habitualmente sin marido.
3-     Síndrome de la bata verde: me duele todo. O sea, totalgia. Marido detrás sin bolso, esperando ansioso el veredicto que suele ser banal.
4-     Señora con bata estampada: puede ser cualquier cosa. Hay que esperar lo peor.

lunes, 29 de octubre de 2012

¿A USTED QUIEN LE PUSO ESE NOMBRE?


Nota: los nombres que aquí figuran no son los originales, pero las historias son absolutamente verídicas.

                Una persona que se dedica a la ciencia necesita mantener siempre activa su curiosidad para conocer el porqué de las cosas. La mía está tan activada siempre que, en ocasiones, tengo que cortarme un poco porque parezco Agatha Christie tratando de resolver un asesinato en lugar de un médico diagnosticando una enfermedad. Una de las cosas que más estimula mi curiosidad son esos nombres horribles que los padres ponen a sus hijos sin pensar que luego tendrán que cargar con ese estigma toda su vida. En el colegio, sus amigos no le pondrán mote: éste ya se lo pusieron sus padres al nacer. En el trabajo y entre sus vecinos no podrá pasar desapercibido, porque su nombre, al decirlo, siempre provocará una media-sonrisa.
    En una ocasión ingresó una señora en mis camas que se llamaba Rudesinda. Semejante nombre despertó mi curiosidad científica y me hizo preguntarle por qué se lo habían puesto sus padres.¿En qué estaban pensando?.
- No fueron mis padres, fue mi madrina. Tenía dieciséis ahijadas en el pueblo y a todas nos puso Rudesinda, que era como se llamaba y decía que le gustaba mucho su nombre. ¡Ay amiga!, pero a su hija no le puso ese nombre que tanto le gustaba. A su hija le puso Carmen -dijo con evidente enfado-. Si tanto le gustaba el nombre, que se lo hubiese puesto a su querida hija. 
Hay que ser... Ponerle a las dieciséis ahijadas el mismo nombre, y ¡qué nombre!.

    Otro día vi que me había ingresado una paciente que se llamaba María Caledonia. Mi imaginación se desbordó.¿Habría nacido en ese país? ¿Se lo habría puesto su padre porque había viajado allí o habría alguna santa en el martirologio romano con ese nombre? No podía mas; tenía que preguntarle.
- Y a usted, ¿por qué le han puesto este nombre?
- ¡Buff!, esto es una historia...
- Cuente, cuente...
- Cuando yo nací, mi padre pensaba que sería niño y tenía el nombre muy pensado.  Estaba tomándose algo en el bar del puerto y le fueron a avisar: -fulano, ha sido niña-.
No tenía previsto este contratiempo. Sus amigos empezaron a preguntarle: -¿Cómo le vas a poner?-. Él no tenía ni idea y los amigos del bar, impacientes, iban dando cada uno su opinión acerca del nombre: Carmen, Josefa, Pilar...  Salió del bar, respiró hondo y vió que estaba atracando un barco en el puerto. El barco se llamaba Nueva Caledonia. Entró en el bar y dijo: -ya está; le voy a poner María Caledonia-. Y aquí estoy...

sábado, 20 de octubre de 2012

PREGUNTAS SIN RESPUESTA EN MEDICINA

La historia de la humanidad está plagada de preguntas inicialmente sin respuesta y que poco a poco han ido teniendo una explicación lógica. Lo que antes era oscuro, se ha ido aclarando progresivamente y lo que nuestros antepasados atribuían a “meigas”, embrujos y “males de ojo”, hoy te lo explica hasta un niño de primaria. Ante las preguntas de mis pacientes suelo saber más o menos qué contestar, porque ya llevo unos años en esto y se las he oído antes a otros pacientes o familiares. Pero existen tres que siempre desconciertan y que es crucial saber responder porque te juegas tu prestigio de galeno. La primera la pongo en gallego porque creo que en ninguna otra parte de España hacen esta pregunta así. A saber:
1- E isto, ¿de onde ven pendido? Es decir, “y esto que me pasa, ¿de qué depende?”. No están pidiendo una explicación exhaustiva “fisioanatomogeneticopatológica”, sino algo tan simple como poder echarle la culpa al tabaco, al alcohol, al frío, al cambio de tiempo o a un catarro que tuvo hace cuarenta años y que, al parecer, quedó “mal curado”. Yo casi siempre le cargo el muerto al tabaco, que ya se sabe que tiene muy mala prensa y así les doy argumentos a esas pobres fumadoras pasivas que llevan cincuenta años con un marido fumador.

2- La segunda pregunta hace referencia al cáncer y la suele formular gente mayor. Les estás dando toda clase de explicaciones y cuando crees que te han entendido, te dicen:
-Entonces, ¿el cáncer que tiene es macho o hembra?
La primera vez que lo oí me quedé alucinada mirando a la mujer de un paciente con cara de “no sé de que me hablas”. Me lo tuvo que explicar ella.
-          Si es macho es que se puede hacer algo, pero si es hembra es que tiene “hijos” (metástasis) y ya no hay nada que hacer.
Desde luego, la sabiduría popular es impresionante y clarificadora.

3- Y ya por último, esa pregunta que en algún momento hemos sufrido  todas las mujeres que nos dedicamos a esto. Después de hacer una historia clínica completa y haberles explorado todo (incluido un tacto rectal), y haberles dado toda clase de explicaciones sobre lo que les pasa y el tratamiento que tienen que tomar, ellos van y hacen la pregunta del millón:
            - Muy bien señorita todo lo que me ha dicho, pero, ¿el médico cuándo va a venir a verme?
¡Cómo describir la cara que ponen cuando les dices: el médico soy yo!