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domingo, 23 de agosto de 2015

REMEDIOS CASEROS

 


Los médicos, a semejanza de los sacerdotes, vemos y oímos de todo, y nada debería extrañarnos. Cuando la medicina no estaba al alcance de todos, la gente se apañaba como podía y muchos remedios caseros eran tan eficaces como el consejo de un buen galeno. Así, algunos de mis pacientes me han contado que para las otitis era muy bueno aplicar unas gotas de leche materna, para cicatrizar las heridas un poco de la propia orina, y para las lombrices que ascendían por el tracto digestivo hacia el esófago, ponerse unos algodones empapados de aguardiente en la nariz. Lo de la leche materna y el pis, tiene una base científica en su riqueza en inmunoglobulinas y en urea, respectivamente. Lo del aguardiente no lo tengo tan claro. Puede que el objetivo fuese que las lombrices muriesen de coma etílico, pero esto no parece que tenga una base científica.

Esta semana hemos tenido un caso verdaderamente curioso. Un paisano que tenía buena intención queriendo ahorrarle unos euros a la Seguridad Social. Claro que la que hubiese tenido que actuar hubiese sido la funeraria, pero de eso, él no era consciente. El relato de los hechos fue el siguiente:

-         Sus pulmones no funcionan bien y tenemos que mandarle con oxígeno para casa.

-         ¿Oxígeno de esos de botella?

-         Más o menos…

-         No me hace falta- dijo-. Usted deme solo el cable y la mascarilla, que la bombona ya la tengo yo.

-         ¿Tiene usted una bombona de oxígeno en casa?

-         Bueno, tengo la de butano, pero debe ser más o menos lo mismo…

Pues si, conectarse al butano debe ser casi lo mismo, sobre todo si se le ocurre fumarse un cigarrito mientras está enchufado.

miércoles, 5 de agosto de 2015

LA MALETA DEL VIEJO PROFESOR

 
 
 

                  Hace unos meses estuve en Roma asistiendo a un curso sobre una de las enfermedades favoritas de los internistas: el Lupus. El televisivo dr House la puso de moda al incluirla siempre entre sus estrambóticos diagnósticos diferenciales y, muchos pacientes, cuando tienen algún síntoma que no son capaces de explicar, enseguida preguntan: "y lo mío, ¿no será un lupus de esos?"
             Hasta la Ciudad Eterna acudieron los más reputados especialistas de todo el mundo. Entre ellos, allí estaba el "viejo profesor". Este especialista en enfermedades autoinmunes ha publicado más de 500 artículos originales en las principales revistas médicas, 250 capítulos y 16 libros, todos ellos relacionados con su especialidad. Ha recibido varios premios y numerosos reconocimientos por su labor investigadora, docente y asistencial. Es lo que solemos llamar "una eminencia". Escucharlo, es siempre un privilegio y un disfrute.
             Pues bien, en esta ocasión, fui testigo de su llegada a la recepción del hotel. Se situó en la cola contigua a la mía para hacer el check-in y, por un momento, pensé en cederle mi puesto, pero no era mejor que el suyo. Me dediqué entonces a observarle con detenimiento. Por su vestimenta y su porte, podría decirse que es uno de esos ancianos ingleses que están disfrutando del sol en alguna de las ciudades costera españolas. Sin embargo, cuando uno le mira de cerca, se pueden apreciar sus ojos vivarachos y su sonrisa franca que, de golpe, le hacen rejuvenecer al menos una década. El "viejo profesor" camina con pasos cortos y apresurados; son los pasos de quien no quiere perder el tiempo, ni tampoco que se lo hagan perder. Su centro de gravedad está ligeramente desplazado hacia delante. Habla deprisa, de una manera que parece poco apropiada para un anciano. Quizás quiera transmitir lo máximo posible en el menor tiempo. De repente, me fijé en su "vieja maleta". Ni siquiera se le podía aplicar el calificativo de vintage. Yo diría más bien que se trataba de una reliquia. De un color indefinible y un tamaño bastante exiguo, calculé que en ella apenas cabría un pijama, los útiles de aseo más imprescindibles y un par de camisas. Sus rozaduras, las manchas laterales, la pérdida de color y el diseño completamente demodé, manifestaban que la usaba desde hacía mucho tiempo. Por supuesto no tenía ruedas ni candados, tan solo una especie de bandas que se unían en la parte superior mediante una hebilla. Imaginé cuántos viajes y aventuras habría vivido esa maleta. Calculé se edad y decidí situarla en los años sesenta. Incluso me pareció recordar que Paul Newman usaba una idéntica en la película El premio, cuando descendía por la escalerilla del avión a su llegada a Estocolmo. ¿Cuáles podrían ser los motivos para conservarla y seguir usándola? Quizás le acompañó en su viaje de novios, o en su primer vuelo en avión para cruzar el Atlántico. También podría ser algo más profundo, como que haya decido no entrar en esta espiral de consumismo, en la que desechamos prendas y objetos con muy poco uso porque los consideramos pasados de moda. Este profesor de medicina, catedrático, jefe de servicio, director de múltiples tesis y proyectos de investigación, jamás cobra por ninguna de las numerosas charlas científicas que imparte. Si le quieren pagar, les sugiere algunas ONG relacionadas con la medicina a las que él ayuda para que donen ese dinero. El "viejo profesor" ha conseguido ignorar los cantos de sirena de los laboratorios farmacéuticos y del materialismo feroz, y pasea con orgullo su vieja y querida maleta.

sábado, 13 de junio de 2015

EL CAMAROTE DE LOS HERMANOS MARX



Esta semana una paciente ha bautizado al despacho que comparto con otros dos compañeros como "el camarote de los Hermanos Marx". Razón no le faltaba ya que, en los diez minutos que tuvo que esperarme, vio entrar y salir por la puerta a casi toda la galería de personajes que entraban en ese camarote en la famosa película. Por allí pasó uno de nuestros psiquiatras que venía a invitarnos a un concierto que dará con su grupo; un ginecólogo retirado, y que ya ha pasado los noventa hace tiempo, quería consultar unas dudas acerca del dolor de sus gastados huesos; nuestra neumóloga favorita y su residente nos contaron el resultado de una broncoscopia que le habían realizado a uno de nuestros pacientes, y, de paso, comentamos el "presunto noviazgo" de Isabel Presley con Vargas Llosa; la enfermera que acaba de ser nombrada presidenta del comité de empresa fue recibida con gritos de "¡presidenta!, ¡presidenta!" en el mismo momento que abrió la puerta y nos dijo que había un familiar  de un paciente que quería hablar con uno de nosotros; un cirujano plástico venía a saludarnos, como todos los viernes, antes de irse a casa y solo para darnos envidia; un residente vino a que le firmase unos días de vacaciones... ¡Un auténtico desfile de lo más variopinto!
Lo de "camarote" nos va bien porque el sitio es pequeño, y uno de nosotros (no soy yo) tiene barco y título de patrón. Lo de "hermanos Marx" también nos sirve: somos tres, y nos tomamos la vida en general y el trabajo en particular con bastante humor. Siempre tenemos música a mayor o menor volumen, la cafetera enchufada y el armario lleno de galletas de diferentes sabores y aptas para celiacos. A veces, si nos gusta la canción que están poniendo en la radio, subimos el volumen y damos cuatro saltos haciendo como que bailamos. Nos gusta nuestro camarote y nos gusta que nos visiten. Estáis todos invitados a subir a bordo.