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domingo, 7 de abril de 2013

¿TIENE USTED ALGUNA ENFERMEDAD IMPORTANTE?


Una de las preguntas que hacemos habitualmente cuando estamos elaborando una historia clínica de un enfermo es si tiene alguna enfermedad importante. En muchos casos, el que tiene que contestarnos es el pariente más cercano –hijos, cónyuge, etc -que a veces no tiene mucha idea. Una vez tuve ingresado a un paciente que no estaba para muchos interrogatorios, así que le hice la historia a una hija de unos treinta años que parecía ser la que manejaba la situación.
-¿Tu padre tiene alguna enfermedad importante?-le pregunté.

Tras pensarlo un momento me contestó:
- Pues si, una vez le dijo el médico que tenía piedras en la vagina.
- Mira, -le dije lo más seria que pude- no puede ser. Los hombres no tienen vagina.
- Fue el médico el que se lo dijo- me replicó.
- Bueno, quizás fuese en la vesícula -le aclaré.
- Eso, en la vesícula. ¿No es lo mismo? –me preguntó con curiosidad.

Otro paciente que tuve hace poco ingresado me dijo que enfermedades importantes no había tenido, pero que había estado dos años ingresado en Madrid en un hospital cuando era joven.
- Si estuvo tanto tiempo debió ser algo grave –le expliqué. ¿Por qué estuvo ingresado?
-  No era nada. Cuando estuve mejor me dejaron irme.
- ¿Pero por qué estaba allí?- le insistí.
- No lo sé exactamente. Sólo recuerdo que cuando me dieron el alta y salí de allí, me senté en la parada del autobús que estaba enfrente y hablé con el edificio en voz alta y le dije: -¡cabrón!, me voy para casa. ¡Ahí te quedas!-.

Esto de hablar con el hospital pero no con el médico que le llevaba me hizo sospechar que debía de ser algo psiquiátrico, pero fui incapaz de concretar la causa del ingreso tan prolongado. Lo intenté por todos los medios, pero no hubo forma, así que cuando le di el alta, me asomé al ventanal desde el que se ve la parada del autobús, esperando verlo allí, hablando en voz alta con el edificio:

- ¡Cabrón! me voy para casa.

lunes, 25 de marzo de 2013

EL EMBARAZO MAS LARGO DE LA HISTORIA


 
Hoy por la mañana he tenido un flashback, o un déjà vu, o ambos al mismo tiempo. La historia comienza hace más de 10 años, cuando era residente en el hospital.  Teníamos un paciente que ingresaba muchas veces por distintos motivos y siempre venía acompañado de su novia. Realmente, la que parecía que estaba ingresada era ella, ya que se ponía pijama por la noche, nos pedía un vasito de leche y un orfidal para dormir mejor, y llamaba al timbre de las enfermeras más veces que su novio. La justificación siempre era la misma: “es que estoy embarazada, ¿sabes?”. Un día que estaba de guardia, me pidió si le daba un bocadillo porque estaba embarazada, su novio estaba mal y no podía ir a comprarse uno por no dejarlo solo. Yo no le notaba nada que revelase un embarazo oculto, pero tampoco tenía motivos para dudar. Así que bajé al comedor de guardia, cogí un bocadillo de queso de los que se comían los traumatólogos y los cirujanos por la noche cuando salían de algún quirófano urgente a horas intempestivas y se lo subí. Cuando me dijo que el queso no le gustaba y que lo prefería de chorizo, empecé a sospechar que igual me estaba tomando el pelo, lo cual me confirmaron las enfermeras que ya la conocían de otros ingresos.  Con el paso de los días me fui dando cuenta de que pedía el bocadillo casi todos los días, dinero para el autobús, pasta de dientes, un peine… y todo con la misma excusa: “es que estoy embarazada, ¿sabes?”. Supongo que no tenía dinero para comprarse nada y así iba apañando. Todos le echábamos una mano, aunque sabíamos que lo del embarazo era un camelo. Y si era verdad, el suyo estaba siendo uno de los embarazos más largos de la historia de la medicina: duró los seis años que trabajé en ese hospital y nunca ingresó para dar a luz. No sé si el novio se creía lo del embarazo porque el pobre no estaba para muchas florituras.

El caso es que hoy por la mañana fui a arreglar unos papeles a un organismo oficial y en mi fila, aunque mucho más atrás, me pareció observar una cara conocida. Cuando estaba pensando de qué la conocía,  veo que se me acerca y oigo una voz que me dice:

-   ¿Me dejas pasar antes que tú? Es que estoy embarazada, ¿sabes?...

Allí estaba ella, diez años después todavía embarazada(sin barriga, por supuesto). Parece que estamos ante un caso de record Ginness: "el embarazo más largo de la historia”.

domingo, 3 de marzo de 2013

LA ABUELA TECNOLÓGICA


Durante el año 1997 mis compañeros residentes de primer año y yo luchábamos por sobrevivir a las guardias de urgencias del Hospital. El asunto consistía, básicamente, en no matar a nadie y no hacer demasiado el ridículo (por ese orden). Hasta donde yo recuerdo, ninguno teníamos teléfono móvil. Es más, si nos enterábamos de que alguien tenía uno, enseguida era etiquetado como hortera sin remedio -la palabra friki no sé si existía-. Un día de guardia, en que corría de un lado a otro por el pasillo de urgencias que tenía el aspecto de una trinchera de la Primera Guerra Mundial (camillas y sillas de ruedas por todas partes), una abuela captó mi atención. Estaba en una camilla, con un peso colgando de la pierna derecha (señal inequívoca de cadera rota), esperando que la subiesen a la planta de trauma. Combinaba de forma magistral el camisón del hospital con el  pañuelo negro típico de las ancianas de aldea. Cada vez que pasaba, la oía - ¡Ay, Señor!, ¡Ay, Señor!- así que me  paré y le pregunté:
- ¿Qué le pasa? ¿Tiene dolor?
- No “filliña”, dolor no tengo.
- Entonces, ¿qué le pasa?
- Estoy preocupada por las ovejas, que van a estar solas.¡Pobriñas!
- Bueno, alguien se las cuidará. No sé, a lo mejor alguno de sus hijos. ¿Cómo se rompió la cadera?
- Estaba en el monte con las ovejas, resbalé en una piedra y me caí, y allí quedé, sin poder moverme.
- ¿Estaba usted sola?- le pregunté con curiosidad.
- Pues si- me contestó.
- Y, ¿cómo hizo para avisar? ¿Tuvo que esperar a que pasase algún vecino?
Me miró con cara de “pero que atrasada estás” y me dijo, llena de razón.
-No mujer, ¡llamé por el móvil!.
Casi me caigo allí mismo del susto. Nadie tenía móvil y aquella abuela era el Steve Jobs de la aldea. Se paseaba por el monte con sus ovejas, su perro, un bastón, vestida de negro con un pañuelo en la cabeza como la abuela del anuncio de la fabada y ¡¡¡con un móvil!!!
- ¿Tiene usted móvil?- le pregunté asombrada.
- Me lo regaló mi hijo para un apuro, y fíjese qué bien me vino.

Ahí empecé a plantearme que quizás no sería tan malo, ni tan hortera tener un móvil. (Aún pasarían cuatro años antes de que me comprase uno). Durante todo este tiempo se nos ha hecho imprescindible, y cada vez parece más claro que los psiquiatras van a tener mucho trabajo para desenganchar a los yonquis de la tecnología. Últimamente he observado que los hay adictos y luego están los otros, los maleducados. Me ha pasado ya unas cuantas veces: estoy con un paciente en la consulta explicándole algo, auscultándole... y le suena el móvil. Y lo que es peor: lo coge. Y empiezan esas conversaciones ¡taaaan interesantes!, que me llevan a pensar en salir para dejarles intimidad y que hablen de sus cosas. ¿Quién soy yo para interrumpir?
- Hombre, fulano. ¿qué tal?
- ....
- Nada, aquí en la consulta del médico, que me está auscultando...
- ....
- De momento no me ha dicho nada concreto, ya te contaré luego.
- ....
- Si, bueno, hace tiempo que me duele pero me dieron la cita con el especialista para hoy.
- ....
- Ya te digo. Si, tiene mucha lista de espera. El seguro está fatal.
- …
Aquí ya intervengo yo porque veo que aquello va para largo y ya se ha comido su tiempo y el del siguiente paciente, y otra vez voy a llegar a mi casa a las tantas.
- Oiga, dígale que le llame más tarde.
- Bueno, fulano, tengo que dejarte.

Y aún unos minutos más de cuándo quedamos que tenemos que vernos, recuerdos a tu mujer... y no sé cuantas tonterías más. Me estoy planteando poner un cartel en la puerta de la consulta que ponga algo así como “Mantengan desconectados sus teléfonos, porque pueden interferir con el estetoscopio y que su diagnóstico sea erróneo”. A ver si así consigo algo.